jueves, 21 de marzo de 2019

Relatos de Memoria y Dignidad

*JAIME ENRIQUE GÓMEZ*

20 octubre de 1950 – 21 marzo 2006

“Allá en cuerpo presente, aquí en memoria,
que hoy nos demos la posibilidad de construir paz como país.”

En memoria de Jaime Gómez les invitamos a escucharlo y leerlo desde su materialidad vital aún presente.
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sábado, 26 de mayo de 2018

Votar para la vida

Nota: Este texto lo escribí hace más de un mes, en torno a la conmemoración del asesinato y desaparición de mi padre. La mujer de la que hablo es una de mis tías, y el escrito es producto de una estocada al corazón: escuchar gente muy cercana que piensa votar por Duque aún conociendo la historia de violencia por la que pasamos mi familia y yo durante el período Uribe, y que incluye el vejamen contra mi padre y el exilio. Hoy siento que debo publicarlo.

Ayer la vi. Es una mujer que está en su quinta década. Su hermano mayor fue desaparecido y asesinado hace doce años cuando se vivía un contexto similar. La desaparición ocurrió entre las elecciones al Congreso y las presidenciales, que en ese entonces tenían una particularidad: la posible reelección del presidente. Su rostro reflejaba angustia y desesperanza. La conversación que teníamos nos llevó a él, y entre palabras, mientras de sus ojos brotaban lágrimas, ella comparaba los dos momentos históricos.

Su angustia no puede ser menor. Luego de la firma del Acuerdo de paz, estos están en vilo. Lo que a ella inmensamente le sorprende es que, después de haber vivido bajo el imperio de la guerra y la muerte, haya personas que piensan re-elegir a Uribe. Durante su presidencia, según investigaciones académicas, los “Falsos positivos” aumentaron más del 150%, lo que estuvo además acompañado de la comisión de otros crímenes en los que están involucrados agentes estatales.

Sí, es cierto, la gente pudo recuperar zonas del país que no era posible visitar o transitar en tranquilidad. Sin embargo, el costo humano, emocional, político y económico de ese logro, no puede relativizar o permitir que olvidemos a los que fueron vulnerados y asesinados en ese contexto y a los responsables intelectuales y materiales. Frente al involucramiento de muchos de los funcionarios y allegados de Uribe al escándalo del DAS y Agro-Ingreso seguro, a la parapolítica, la Yidis política y las falsas desmovilizaciones, es increíble que la sociedad colombiana mantenga su ceguera (¿o complicidad?). Se sabe de hechos criminales en los que está involucrado y que incluyen falsa denuncia y presunta manipulación de testigos. Si estos hechos que son relativamente recientes son pasados por alto, están otros anteriores como su presunto conocimiento de dos masacres cometidas por paramilitares en Antioquia cuando era gobernador, y frente a las cuales no hizo nada para evitarlas. También está la evidencia que hoy de nuevo sale a la luz pública sobre sus nexos con el narcotráfico.

Escuchar decir a la gente que una cosa es votar por Iván Duque y otra por Uribe, o que Duque es diferente a Uribe, es llamarnos a engaños. Uribe es un miembro activo de la campaña de Duque, y si algo requiere este momento histórico, es que las y los colombianos votemos por una ética de la vida. Cuando uno vota, no solo lo hace por el candidato, sino también por sus equipos de trabajo, colaboradores y bancada y por sus trayectorias, pues serán ellos los encargados de construir y apoyar las políticas que se implementarán. Este momento tiene sus particularidades porque recién se acaba de firmar un acuerdo de paz que, si bien no es perfecto, ha permitido que la guerrilla más grande del país pase del uso de las armas a la actuación política. Nada de ese proceso será perfecto, no puede serlo ni aquí ni en ningún otro lugar, porque transitar de la guerra a la construcción de paz es un reto lleno de obstáculos, y peor aún en un país en el que ciertos sectores promueven una visión guerrerista de la democracia.

No hay espacio para referirme a la agenda de gobierno de Duque, pero si quisiera señalar una similitud entre este momento y el 2006. Las y los colombianos no deberíamos votar guiados ni por el odio ni por el miedo a las FARC, las guerrillas o el “castro-chavismo”, ni por el egoísmo económico. Este es un momento para votar desde la esperanza realista, y desde una postura ética que detenga la máquina de guerra, muerte y desigualdad. Este es un momento para aportar a una paz en construcción que llevará mucho tiempo y que requiere del compromiso y la solidaridad de las mayorías. Luego de conversaciones como las de ayer, realmente me pregunto dónde queda la ética de los colombianos cuando apoyan a un candidato que explícitamente ha hablado de reversar la paz y fortalecer la inversión y el crecimiento económico sin realmente abordar los problemas estructurales de la desigualdad y la violencia. Y cuando al interior de su equipo de trabajo cuenta con personas que han animado y coadyuvado a la generación de la violencia y la impunidad por décadas, incluido Popeye. Por suerte, en la baraja de elegibles hay más de un candidato por el cual optar.

Antígona Gómez

viernes, 24 de marzo de 2017

Por una paz transformadora


Pasa el tiempo, él sigue su curso, y atrás se queda nuestro derecho a saber y la sanción social a todo aquello que no debería ocurrir en humanidad. Ya han pasado 11 años desde que te llevaron, 11 años de persistencia recurrente luchando por tus derechos, los nuestros y los de la sociedad en su conjunto. 11 años en los que las instituciones del Estado no dan respuesta a nuestro anhelo, a nuestra necesidad y a su obligación. 11 años de llevarte en la memoria, de hacerte parte de la dignidad, de recordarte y caminar contigo caminos que conduzcan a la construcción de una sociedad más decente. 11 años en los que decir verdad y justicia no se desligan de imaginar un país más justo, un país donde el daño al otro, su eliminación física y simbólica no sean la manera de lidiar con quienes piensan distinto. 11 años en los que este país lo pensamos desde el necesario fin del conflicto armado interno, y de aquello que permanente se quiere desconocer: la violencia de Estado. Han sido años de trabajo incansable por la paz, años en lo que, incluyendo los derechos que tenemos como personas a las que la violencia las marcó, se ha puesto en el centro de este caminar como objetivo principal una Colombia sin violencia, y un país que camine hacia su transformación positiva.


Batallamos por el Si, y cuando el No ganó, pusimos todo el esfuerzo en que se firmará el Acuerdo de Paz. El No nos sorprendió con retrocesos para una gran porción de quienes han sido victimizados en este país, y la implementación inicial del Acuerdo ratifica que un gran porcentaje del Estado, el gobierno, la clase política, los medios de comunicación y la sociedad, siguen siendo sordos a nuestro dolor, a nuestras propuestas, derechos y contribuciones a la paz. Buscamos verdad y sanción social no por capricho, no repitiendo acríticamente el estribillo de la justicia transicional, sino porque somos conscientes de que son fundamentales para la sanación, el duelo y el Nunca Más. No imaginamos conocer la verdad solo para tenerla o recordar solo para hacer memoria. Verdad y memoria son para nosotrxs cimientos para transformar este país, semillas que, como nosotros y nosotras, son indispensable para construir esa otra Colombia que se aleja de la que hasta ahora nos ha dado vida desde la muerte.


11 años sirven para ratificar que Creonte no es la solución, y que al tiempo que alzamos la voz y exigimos los derechos que el Estado está obligado a materializar, avanzamos en procesos propios de memoria y justicia, nunca desde la venganza o la negación del otro, sino desde la dignidad y la propia convicción que solo habrá cambio con sujetos abiertos a transformar la opresión en libertad en el día a día. 11 años de llevarte en el corazón, son también 11 años de pensar permanente por dónde caminar. El horizonte sigue estando lejano, el trayecto es largo, no es fácil, pero sigue plagado de aliento, de dignidad y de necesidad de producir vida. No queremos más muerte, por eso hoy que te recuerdo, exijo Paz sin más líderes asesinados. Siempre en mi corazón, en mi memoria, en mi diario caminar. Te extraño papi.


En conmemoración de los 11 años de desaparición de Jaime Gómez (21 de marzo 2006).


Antígona Gómez


*Foto: William Oquendo


miércoles, 23 de marzo de 2016

Diez años en el corazón


Son diez años y a veces parecen días, si acaso meses. Hay momentos en qué sigo preguntándome por qué, y en que me digo a mi misma que no es posible. Son instantes donde uno cree que la maldad, el odio, la violencia y el silenciamiento de la diferencia no existen. Son momentos en los que una pregunta ética y moral inundan el pensamiento y el corazón, y en los que uno necesariamente se interroga por el tipo de país y de mundo que haría posible que esto no volviera a ocurrir.
Papi, parece que después de muchos años e intentos la paz es posible. Frente a la negociación entre el gobierno y las FARC-EP ha habido avances significativos, incluidos acuerdos que tienen que ver con los derechos de los sujetos victimizados. No es un acuerdo perfecto, pero es la posibilidad de torcer un camino que se ha vuelto destino en Colombia. Es la posibilidad histórica de decir que caminando con la violencia no vamos a encontrar al final del trayecto la radicalización de la democracia ni ninguna forma política, social y económica alternativa al capitalismo y al liberalismo. Algunos y algunas se oponen al proceso de paz, no porque les interese construir un país en el que la política no esté cruzada por la eliminación física del contradictor, sino porque han hecho de la guerra su modus operandi, su forma de ver, sentir y hacer en este mundo.

Porque la guerra les ha significado dividendos políticos y económicos, y porque han puesto por encima el odio y la venganza en un país que le ha enseñado a la gente que más vale odiar y desconfiar, que construir desde la solidaridad, el amor eficaz y el cuidado horizontal. Con muchos y muchas he caminado estos más de tres años del proceso de paz, convencidos de que es urgente que cesen los fusiles y se eleve el conflicto social (Hijos e Hijas, 2012), porque será en un escenario en el que no nos maten por pensar diferente, en el que tendremos la posibilidad de convertirnos realmente en opción política. En estos años hemos visto como al tiempo que se habla de paz, la violencia paramilitar, estatal, de la extrema derecha se mantiene. Como defensores de derechos humanos, activistas, indígenas, afrodescendientes, campesinos, víctimas y mujeres han sido asesinados, hostigados, amenazados por exigir sus derechos.

Sabemos que la paz es el principal obstáculo para la máquina de guerra y exclusión, y entonces convencidos de que una paz no hegemónica es el camino, nos estamos preparando para disputar el sentido de la transición que se avecina. No creemos en una transición plana y lineal de la guerra a la paz, del amor al odio, del odio a la reconciliación, del atraso al desarrollo, sino que más bien entendemos que en este momento se exacerban las contradicciones sobre el tipo de país que distintos actores queremos construir. No creemos en la transición hegemónica que quiere dejar todo intacto, sin modificar las causas estructurales que generaron la guerra, una transición que se sigue apoyando en un desarrollo que profundiza las desigualdades internas del país y las que tenemos con el norte global. Como no queremos esa transición, lo que hacemos día a día es tratar de plasmar en la práctica el país que soñamos, una Colombia que dignifique a su pueblo, y en la que la verdad, la justicia y la práctica de la diferencia sean posibles.

Ese país no podemos construirlo solos. Requiere de la gente que de tanta violencia se ha tornado indiferente. Requiere de todos aquellos que deciden como parte de una convicción política dejar las armas y buscar la construcción de alternativas desde la civilidad. Requiere de un proceso de paz con el ELN y el EPL que permita pluralizar el campo político y aunar fuerzas para diputarle a la transición hegemónica su noción de paz y su propuesta de país. Requiere un amplio movimiento social y político capaz de articular visiones y acciones, dejando atrás las divisiones, los sectarismos y los protagonismos, explotando al máximo su capacidad inventiva y de imaginación política. Requiere la desmovilización real del paramilitarismo y la del Estado. Requiere que las garantías para la pluralización de la democracia se hagan reales, así como garantías para que dejen de asesinar a quienes piensan distinto y se oponen a la máquina neo-extractivista, una nueva forma de sembrar la muerte en el territorio. Y requiere, por supuesto, que los derechos de los sujetos victimizados sean realmente materializados, más allá del discurso, porque si alguien debe ser dignificado en este escenario son las víctimas, todas ellas, incluidas sus propuestas sobre verdad y justicia, que no son sólo sus derechos sino sobre todo pilares fundamentales para construir otra sociedad.

De allí que sea necesario que los acuerdos sobre los derechos de las víctimas garanticen un trato equitativo a las víctimas de la guerrilla y del Estado, y que finalmente el Estado reconozca que ha empleado la violencia como una manera de asegurar en el poder a ciertas élites, y que éstas tienen una importante responsabilidad en lo que ha ocurrido en el país. Como te pedí el 21 de marzo, 10 años después del día en que te llevaron, que sepamos la verdad y que se haga la justicia que tu, tu familia y quienes caminaron siempre contigo merecemos. El lunes, como muchas otras veces, en familia te recordamos, te pasamos por el corazón, y evocamos todo lo que nos diste, y nos sigues dando. Gracias por seguir siendo un puente entre la vida y la paz, y entre el pensamiento crítico y la acción.

Te extrañamos y amamos, hoy y siempre.

Antígona Gómez

sábado, 21 de marzo de 2015


La memoria rebelde no se deja domesticar por una transición hegemónica. La memoria rebelde aprende que en la fuerza del recordar y el hacer esta la posibilidad de romper con el "sentido común" de muerte, impunidad e injusticia impuesto. Luego de 9 años de tu ausencia física he aprendido de distintas maneras a hacerle frente a esta historia de violencia.

Hoy, luego de dedicarle meses a la escritura de la tesis, reflexiono cuál sería el escenario que le puede hacer justicia a todo el sufrimiento e indignación de tantos colombianos y colombianas que han sufrido la violencia. Nuestra justicia no puede quedar al vaivén de Creonte, del Estado y de los grupos de poder. Nuestra justicia se construye cotidianamente, con otros y otras en la lucha y la acción. La mejor manera de dignificar a quienes se han llevado por la fuerza es que las injusticias cesen y otra sociedad se construya. El llamado es para todo el país. Solo un país comprometido, en el que cada mujer y hombre contribuya al cambio de una sociedad de muerte, inequitativa, injusta, clasista, racista, misógina y homofóbica, tendrá la posibilidad de dignificar a los sujetos victimizados. Sanar y hacer el duelo son procesos individuales, pero también profundamente colectivos. Más allá del discurso abstracto de paz que nos quieren imponer, la paz, la sanación y el duelo se construyen con-desde los de abajo.

Desde el poder colectivo, el poder del cuidado, el poder que emerge de la dignidad y la indignación. El poder que se gesta en las relaciones cotidianas, el que esta cruzado por el amor liberatorio, el que dignifica,no el que oprime. El poder afecto, el afecto amor, el afecto poder que permite romper con la realidad actual para fugarnos a lo virtual que está presente allí siempre como posibilidad. La posibilidad de los de abajo, de los sujetos de la digna rabia.

Siempre aquí: en este senti-pensamiento cuerpo. Siempre aquí: en tu semilla. Siempre aquí: en el mundo de las transformaciones.

Con inmenso amor te recuerdo/te recordamos.

Antígona - Huitaca

jueves, 3 de julio de 2014

El círculo de la impunidad ....

Luego de ocho años se reconoce que mi padre fue asesinado ... un poco de verdad, esperando conocer en plenitud lo que ocurrió. La paz se construye conociendo la verdad.

Comunicado de la CCJ: http://www.coljuristas.org/documentos/documento.php?id_doc=397&idioma=es&grupo=4

Entrevista en Contagio Radio: http://ctgaudio.megadatesystem.com/upload/0/fshAOccq.mp3

Queremos construir paz ... una paz estable, digna y duradera.

sábado, 22 de marzo de 2014

Construyendo otros mundos

Tierra Esperanza, 21 de marzo de 2014

Esta carta es para ti y mi padre.

Esta carta es extensa, el momento histórico lo amerita.

Hoy hace ocho años saliste a caminar en la mañana esa hermosa ciudad en la que naciste y creciste, y ya no volviste nunca más. Te llevaron. Se llevaron tu cuerpo, pero no a ti. Estos ocho años hemos peleado contra la impunidad una y otra vez. Hasta el cansancio. Hemos caminado y levantado la voz para conocer la verdad, en busca de justicia. Estos ocho años te he recordado, te he pasado por el corazón tantísimas veces y de maneras tan distintas. He desarrollado contigo una otra relación, una relación pasada por todo: por la guerra, la violencia, la rabia, el amor, la admiración, los recuerdos, las ausencias y las luchas. Hace ocho años te llevaron en un contexto como este: re-elección presidencial. En ese entonces vivíamos cierto ascenso de la izquierda, ahora vemos como la derecha, y la ultra derecha, se siguen consolidando, y como en algunos escenarios la izquierda pierde espacio. En estos años yo me he repensado una y otra vez desde mi particularidad generacional y mi ser feminista. He caminado, desde antes que te llevaran, esas sendas que los partidos de izquierda y los movimientos sociales abrieron ya hace décadas. Las he caminado, tu sabes, con mi propia prudencia, mi propia mirada y mi propio cuerpo. Como hace ocho años, ahora trato de no sucumbir a este contexto tan difícil, tan adverso a nuestros sueños. Entonces respiro, pauso, duermo, medito y me busco muy adentro. Papi: las cosas no están fáciles, siguen siendo difíciles para esos que nos ubicamos abajo, en el lugar de la digna rabia y los sueños rebeldes.

Estamos en un proceso de paz pensando desde la justicia transicional. Un proceso de paz concebido desde el punto de vista de la oligarquía colombiana, un proceso de paz que busca llamar a nuestro momento histórico post-conflicto sin que se operen mayores cambios, para lo cual la aplicación de la esa justicia es fundamental. Yo creo que esta es una coyuntura crucial para Colombia, para el futuro, porque muchas cosas que se definirán en este momento en cierta medida serán la bitácora, los cimientos que nos guiaran por los próximos años. Por eso a la construcción de paz nosotros le exigimos coherencia, le exigimos profundidad, le exigimos escuchar nuestras voces. Me pongo a mirar hacia atrás, nuestra historia, y veo como nuestra particular trayectoria nos muestra que ni el modelo moderno liberal burgués ni el camino de las guerrillas han podido responder a nuestros anhelos. En los últimos años son cada vez más visibles los limites del modelo de democracia moderna liberal, desde la que incluso la izquierda ha desarrollado su accionar político, para hacer real nuestros proyectos de emancipación. Las últimas elecciones lo han mostrado. Es evidente que todo ese ensamblaje, el estado de derecho, las leyes, las reglas del juego democrático, no son neutrales, están situadas políticamente, más cerca de ciertos actores.

Ese sistema de gobierno responde a los intereses de quienes lo crearon. Así nos lo muestra no solo la historia del alcalde Petro, sino también todo el arsenal jurídico con el que el Estado y las élites responden a las demandas de las y los que nos organizamos, tal como ha ocurrido con la Ley de Victimas y Restitución de Tierras, una respuesta para neutralizar a las víctimas y capturar su potencial político y subvertor. Papi, creo que necesitamos un nuevo imaginario político, necesitamos re-pensar, re-mirar nuestro horizonte político en sus más profundas raíces. Necesitamos re-inventarnos, de-sujetarnos, liberarnos del poder de dominación. Hacer eso, papi, requiere mirarnos hacia adentro, “casa adentro”, cuerpo adentro, con mucho, mucho detenimiento, con ojos críticos, constructivos e imaginativos. Eso implica que miremos como el poder de dominación constituye nuestras subjetividades y nos hace replicar entre nosotros ese poder que no permite la emancipación. Divide y reinaras. Esa es la lógica de las clases gobernantes, pero también del poder opresor en si mismo. Divide a la izquierda, haz que se atomice hasta que desaparezca. ¡Divídela por las más pequeñas nimiedades, por las elecciones, por la conquista del poder! Divide a las mujeres para que peleen entre ellas y no vean, no sean capaces de ver, como el patriarcado funciona. Divide a los indígenas y a los negros, hazlos amar y querer ser como el blanco. Haz que todo aquel que termine configurado en ‘capataz’, inclusive de su propia historia personal, crea, sueñe, que es el ‘dominador’, que tiene poder, y haz que oprima a sus hermanos y hermanas de lucha. Si, ya sé. No todos tienen conciencia de una “hermandad”.

Esa conciencia se construye. Por eso además de: 1. Pensar y recrear otro poder, un poder para la emancipación que juiciosamente se pregunta y se responde el poder para qué. 2. Y que mira con atención la construcción subjetiva. 3. Genera procesos de politización, procesos de formación, de educación política, no para adoctrinar, sino para desde la construcción colectiva contribuir a la creación de sujetos capaces de análisis, de pensamiento propio, de criticidad y de acción. Politización no para ser vanguardia, sino más bien para ser “retaguardia” y co-emerger con otras y otros como intelectuales orgánicos de un país que necesita educarse para escapar a esta degradante dominación. 4. Necesitamos también construir un nosotros. Ese nosotros de los de abajo, de la digna rabia y los sueños rebeldes no está construido. Está por construirse, y depende de un nuevo imaginario político, de unas nuevas prácticas, de unos nuevos sujetos, no acabados, pero dispuestos a construirse de manera no hegemónica. Ese nosotros pasa por una unidad de la izquierda coherente con un proyecto de sociedad distinta, con una unidad no pegada a babas, sino más bien con una unidad que no es unanimidad de posiciones o de trayectorias históricas, sino multiplicidad, diferencia, confluencia en un mismo proyecto político que no se divide por las diferencias, sino que se nutre a través de ellas.

Como parte de una generación que ha sido gestada desde la lucha, que la ha visto, y la ha caminado, como una generación que conoce los estragos de la violencia política, de un Estado asesino y por lo tanto ilegítimo, creo que tenemos la labor, como lo plantea Franz Fanon, de re-pensar los términos de “la lucha y la liberación, de manera tal que generaciones futuras puedan asumir las tareas que vienen de maneras distintas pero más avanzadas.” Partiendo desde mi propia experiencia, pienso y actúo queriendo desestructurar las consecuencias que ese poder que domina ha dejado en mi vida, mi cuerpo y mi subjetividad. Al sufrimiento que me ha causado, a las lágrimas que me ha arrancado, al desgarramiento interno que me ha provocado, yo le contrapongo la alegría. Le contrapongo el baile, ¡en especial esa salsa rebelde de los 70s que tu tanto bailaste! Le contrapongo, a los recuerdos de la barbarie con que aquí matan, los recuerdos de tu sonrisa, de tus palabras, de nuestros diálogos. A esa camisa de fuerza identitaria a la que nos quiere condenar la guerra, a esa identidad que encarcela cuando solo es producto de la violencia opresora, esa de ser víctima, yo le contrapongo múltiples yo, le contrapongo un ser que es diverso, que tiene varias identidades, que quiere irrumpir su propio ser.

A la muerte, papi, yo le contrapongo la vida. Me niego a la cultura del sacrificio y el sufrimiento, tan interiorizada en nosotros y nosotras. Entonces me re-pienso mi proyecto político, de vida, desde el amor, la felicidad y la disciplina. Papi, la coherencia que me enseñaste me ha sido útil. Me construyo día a día como un ser, una hija, una colombiana qué sabe que eso es difícil y que pese a los errores lo intenta una y otra vez. Si, aprendí que debemos tratar de ser lo más coherentes posible para construir otro mundo, sabiendo que no es fácil, pero viviendo con la intencionalidad de hacerlo. Esto implica no ser capataz, no soñar con el registro mental del opresor, no reproducir lo autoritario y excluyente en la política y la familia, no ser sectario ni tirano, no jugarle a la lógica del poder de dominación, que incluso nos hace pelear entre los cercanos, disputando quereres, disputando reconocimientos y protagonismos.

¡Cuanto extraño las conversaciones contigo! Lo fascinante, en medio de todo, es que sigo conversando contigo de otras maneras, desde otros y otras de tu generación, desde los sueños, desde tus recuerdos, desde todas las presencias que dejaste en mi vida y otras vidas. Hoy es un momento, cuando la primavera emerge, de re-pensar a largo plazo como queremos organizarnos y organizar la vida en sociedad, como hacemos otra política, como somos felices en el transcurrir de este proyecto. Hoy sigo exigiendo verdad y justicia, verdad y justicia como una forma de construir pilares éticos para esa otra sociedad, verdad y justicia como un derecho profundo e inalienable para dignificarte a ti y a todos lo que han muerto a manos de los Creontes. Y también como una manera, como una contribución para sanar. Pero también exijo hoy verdad y justicia, no solo por tu historia, sino por cientos de historias similares a la tuya, como un momento específico de una lucha que es de más largo aliento, que es mucho más profunda, subterránea, disruptiva, radicalmente transformadora que nos permitirá ser lo que queremos SER en colectivo.

Ese ser en comunidad que pasa por la solidaridad con toda aquella y todo aquel que ha experimentado distintas violencias que le limitan su devenir en comunidad. Papi, hoy sigo en pie de lucha, hoy camino para que construyamos un nuevo imaginario político, un nuevo sueño, una nueva posibilidad, una nueva sociedad, unos nuevos arreglos sociales. Tu, que lees esta carta, ¿quieres caminar conmigo? El camino es largo, y ahora más que nunca estoy segura que su realización la verán las generaciones por venir.
Rebeldemente vuestra,
Antígona Góméz

miércoles, 26 de febrero de 2014

DiGnA RaBiA

Hoy amanecí con rabia. Una rabia milenaria, una rabia que me acompaña desde que nací, una rabia que se alborota con esas injusticias, violencias y mentiras que ocurren y nos dicen en Colombia. Rabia de que la violencia siga siendo la manera como se enfrenta a la disidencia política. Rabia por las amenazas, los asesinatos, los atentados contra los líderes de izquierda y movimientos sociales. Rabia por la fuerza que tiene la derecha para desarticular también a través de lo legal las opciones políticas de izquierda como está pasando con el Alcalde de Bogotá. Rabia por las mentiras y las desfachateces de los gobernantes y del Estado.

No creo que este exento de cálculo político que Santos esté hablando de prolongar el período de los alcaldes. Con esto si Petro es destituido y la derecha se queda la Alcaldía, los procesos organizativos, de base, los movimientos sociales y las izquierdas que han visto en las alcaldías de los últimos años en Bogotá opciones alternativas, perderán un espacio importante. Con eso se cierra también la puerta a que si el/los procesos de paz rinden fruto positivo, nuevas opciones entren al ruedo electoral. Rabia de las desfachateces que se pasan como “normales” en Colombia. Como lo de las interceptaciones realizadas por los militares, todo la red corrupta que les habita, y su intención de contribuir a la paz desde la estrategia militar! Como dice el nuevo comandante del Ejército: “Anhelamos la paz, pero digna y basada en una victoria militar!

Pero también me produce rabia mirar Casa Adentro. No entiendo porque tanta fe de las izquierdas con las elecciones, con el modelo liberal, con emplear las estrategias de quienes nos han dominado. No quiere decir que no las considere importantes o que las descarte, ¿pero que es lo qué hacen las elecciones entre las izquierdas? Concentrarse en el voto, dividirlas, detener procesos de confluencia. Creo que como generación(es) tenemos la tarea de repensar a largo plazo el proyecto político de transformación, el horizonte político sin perder el ahora. Pero eso implica pensar muy bien, con detenimiento como actuamos en el presente, como reinventamos la política y hacemos que el poder de dominación no se recodifique. Aunque difícil es posible entrar en los cargos de elección popular, pero me pregunto, ¿una vez allí qué? ¿Cómo no dejarse comer, tragar por la lógica burocrática y clientelista, como aportar más que a la reforma y a la inmediatez a la transformación a largo plazo?

No sé, son preguntas frente a la estupefacción que me produce observar como entramos en las lógicas de quienes tanto criticamos, inclusive repitiendo acríticamente el discurso de la transición, y palabras/frases como pasar la página, reconciliación, dejar atrás el pasado, post-conflicto y toda esa lista de conceptos que están dándole sentido a la tan anhelada “transición” hegemónica. Conceptos que no son solo palabras que vuelan en el aire, son letras que se conjugan para construir también realidades. Realidades, presentes, futuros que a mi personalmente no me convencen. Sigo con esa digna rabia que piensa que hay que reinventarse haciendo, que eso pasa por la cotidianidad y por el cuerpo …

lunes, 7 de octubre de 2013

En transformación

Antígona es fuerza vital, siempre en movimiento, deviniendo. Antígona no es identidad estática, no es identidad impuesta, es identidad en lucha, es subjetividad en debate. A Antígona se le marca cierto camino porque el poder para dominar, el poder violento tuvo lugar. Sin embargo Antígona lucha por salir del código de guerra, el propio código que le da razón a la paz patriarcal y moderna/colonial. Antígona sueña paz. Antígona cree en la utopía de un mejor lugar, un mejor lugar en el aquí y el ahora. Antígona transita, pero cuestiona las transiciones falsas, las transiciones que engañan, las transiciones que atrapan en el status quo, que cooptan y desbaratan las luchas.

Antígona es rebelde, incluso consigo misma. Se calla por momentos si así siente que lo necesita porque no está cómoda con las identidades impuestas, como la de víctima. Impuestas por los hechos, impuesta por los victimarios, impuesta por el Estado, impuesta por una sociedad que a veces no ve lo evidente: la barbarie cometida contra otras y otros. Antígona quiere contribuir, quiere caminar con sus pares, con sus hermanos y hermanas de lucha, con las y los estigmatizados, con las olvidadas, con los despojados de si mismos, con las y los que sueñan mundos distintos, con quienes no han claudicado ni han perdido la fuerza de su rebeldía. Antígona quiere escapar a la domesticación de las luchas y quiere contribuir a construir algo realmente diferente, emancipatorio en lo personal, lo político y lo colectivo. Para eso Antígona se vuelca a su interior, gira, observa, comparte, parte, escribe, imagina, ama, baila, piensa y hace.

Antígona

martes, 23 de abril de 2013

A siete años de tu desaparición hacemos memoria, te recordamos, te pasamos por el corazón!!!!

Desde distintos lenguajes sigues presente, siempre presente!!!!! En estos días se cumplen 7 años de la desaparición forzada de mi papi. Han sido años que me han invitado a pensar el dolor de manera distinta. Hoy quiero hacerlo de otras maneras, desde otros lugares, tratando de romper con las lógicas que la dominación instaura en nosotras y nosotros con el ejercicio de la violencia. Eso no significa que no me sienta triste ... significa que camino por el sendero de la resignificación del dolor, de la rabia, de la impotencia, del miedo ... y camino con ustedes, con los pies de la justicia y la memoria, con un cuerpo colectivo repleto de dignidad! http://www.youtube.com/watch?v=qq9RGq7cIHU http://www.facebook.com/media/set/?set=a.10151323637551500.1073741828.720036499&type=3 http://www.contagioradio.com/index.php?option=com_content&view=article&id=6326:sin-olvido-jaime-enrique-gómez&catid=21:sin-olvido&Itemid=35 http://www.youtube.com/watch?v=TJrpxvGh2Fs

lunes, 4 de marzo de 2013

Ritos ... 4 de marzo de 2013

“Es un día extraño. Como de esos días en los que asistes a rituales de paso, en los que se cierran y se abren ciclos… este es un momento en el que la vida exige significar el instante desde lenguajes propios … Ha pasado mucho y poco tiempo. Han pasado cosas estremecedoramente tristes y estremecedoramente alegres. Han sido siete años en los que has estado ausente pero también presente en mis días, en mis luchas, en mis palabras, en mis sentires, en mis sueños, en mis lágrimas, en mis sonrisas y en mis soledades. Hoy quiero significar este día como uno de cierre, cierre de un ciclo, cierre de un momento en mi vida. Quiero darle apertura a un nuevo momento en el que seguirás presente. Quiero continuar mi proceso … y ratificar en este momento mi deseo de seguir caminando en felicidad. Hoy te agradezco de nuevo haberme dado la vida, tus múltiples enseñanzas, tu cariño a tu manera ... He aprendido que del dolor y la tristeza también se producen cambios, y aunque suene absurdo desde tu partida me he re encontrado conmigo misma … Estos siete años han sido años de tristezas profundas pero al mismo tiempo de unas inmensas alegrías, de descubrimientos del mundo, de la vida, del amor, de la pasión … Hoy, aquí, teniéndote cerca y lejos, me ratifico en mi deseo de ser feliz, de buscar la felicidad para mi vida desde cada cosa que haga en la política, la vida cotidiana, de pareja, con la familia, con las y los amigos, desde la academia … Quiero darte paz, quiero darte la tranquilidad de que estaré tranquila, que seguiré en mi esfuerzo, y más ahora, de transformar el dolor y la rabia en digna alegría, en alegría digna, en carnaval en revolución, en revolución en carnaval ... Te abrazo y me despido con amor, con profunda admiración y cariño.” Te quiere, Diana

martes, 20 de marzo de 2012

Seis años en el corazón

Voy caminando, sigo caminando, no me detengo, no nos detenemos. Sigo mirando atrás y allí te veo, caminando junto a mi un 20 de marzo. Ese fue el último día que te vi de pie, ese fue el último día que sentí tus abrazos. Sigo caminando, seguimos caminando y miro hacia la izquierda y allí te veo. Estoy buscando por todos lados hacia donde va mi camino – entonces giro, a veces retrocedo, a veces me salto hacia el futuro, a veces me quedo en el presente y lo vivo con intensidad -. Estoy explorando hacia donde va la lucha por la justicia, por un mundo distinto, por una sociedad en la que los pospuestos tengamos posibilidad de ser desde lo que queremos ser, y no desde lo que nos han impuesto. Sigo caminando, me busco, busco mis caminos, mis maneras, las posibilidades de luchar, de lograr cambios y de ser feliz.
Mientras voy caminando me encuentro con muchas y muchos que me ratifican la necesidad de seguir haciendo, de seguir hablando y construyendo desde la dignidad, desde lo rebelde, desde lo nuevo, desde lo indeterminado, desde la incertidumbre … para hacer de las rabias milenarias que producen las injusticias, para hacer de la violencia que se nos ha impuesto como lógica de vida, para hacer de la crisis en la que se encuentra este mundo y en especial Colombia, una posibilidad para soñar con lo imposible, para imaginar otros mundos, para imaginar otras relaciones con las y los otros, con nosotras y nosotros mismos.
Voy caminando y a veces me detengo. Me detengo y pienso, me detengo y me escucho desde adentro, me detengo y siento, dejándome sentir me peleo la posibilidad de ser feliz, porque la lucha contra la dominación está también cruzada por la conquista de la felicidad.
Mientras voy caminado – llevo seis años caminando por un rumbo distinto sin parar aunque a veces me quede quieta – me voy preguntando, me voy sintiendo, te voy sintiendo, voy sintiendo al mundo de una manera distinta. Mientras voy caminado voy reconociendo que el profundo amor que me une a ti desde antes de nacer me haría batallar muchas batallas, y voy descubriendo que ese amor no es solo hacia ti, sino que también es hacia otras y otros. Me pregunto entonces que pasaría si nos tomáramos más en serio los sentimientos, si ellos tuvieran un lugar más central en la política, en la producción de conocimiento, en las relaciones de la vida cotidiana – no para manipular sino para construir otros sentidos de la otredad, de la comunidad, de lo común, para ser y estar en este mundo desde otras racionalidades -.
Colombia, dicen algunos, es ahora el lugar del postconflicto. El Estado parece estar resolviendo, dicen otros, el problema de las victimas y de las tierras. Unos y otros dicen que la justicia está presente, que va lenta pero que existe. Retórica, manipulación de la razón, los sentidos y los sentimientos, distorsión de la realidad, imposición de una manera de sentir, de pensar y de actuar. Cooptación en algunos casos, ceguera en otros tantos, complicidad … Colombia, como otros países, sigue siendo el lugar de los despojos - no solo de la tierra, de los bienes materiales y de los derechos -, sino también de la posibilidad de ser de cada persona, de ser para si y para las y los otros, de ser en comunidad, de ser feliz.
Colombia es el país de los olvidos impuestos y de un modelo de sociedad y de justicia que ha sido el producto de una lógica de sangre. Deberíamos hacer memoria de ese trágico pasado para que LA justicia sea balanza, deje de estar ciega y aporte un sentido feminista a tanta destrucción patriarcal (capitalista y colonialista). Papi, por allí va para algunos la lucha, pensándose desde aristas a veces bien distintas a las de tus momentos de lucha, pero sin abandonar algunos de los sueños que te hicieron caminar tu particular camino.

Seis años sin verdad ni justicia, seis años en nuestros corazones y desde la memoria.

Antígona Gómez Ver: http://www.youtube.com/watch?v=wEgG3Np2HDQ&feature=endscreen http://www.youtube.com/watch?v=MOoBxgEntaw

lunes, 20 de febrero de 2012

Para ti, Sandra Viviana

El 17 de Febrero de 2012 organizaciones sociales del Sur-occidente,
familiares, amigos y amigas convocan y evocan la memoria de Sandra
Viviana Cuellar Gallego y nos juntan para sumar esfuerzos en la
movilización en exigencia de su retorno con vida, en la denuncia de la
impunidad y la ausencia de verdad que rodean estos 365 días sin su
presencia física. Hemos decidido sumarnos sin haber conocido
personalmente a Sandra Viviana, reconociendo en su labor y activismo
una de las luchas que nos hace hijos e hijas de una historia similar.

Hoy escribimos recordando las luchas de Sandra Viviana, la realidad de
la desaparición forzada en Colombia y en otros contextos como los de
México. Hoy también escribimos pensando en los desaparecidos que no
han vuelto a casa en países amigos. Con el conocimiento sobre lo que
está pasando en el resto del país en el presente, vemos con alarma
como se están generalizando las desapariciones forzadas a todos los
líderes sociales y a la ciudadanía en general. Esta siendo común, como
lo fue en otros contextos, que los cuerpos sean arrojados al mar, ríos
o selva, que se impida el derecho a enterrar aun en existencia de los
cuerpos, y que la desaparición se convierta en una estrategia de
distintos actores como los paramilitares para infundir miedo y
desactivar procesos sociales. Hacemos un llamado a ver nuestra
realidad actual y el pasado reciente, para constatar que seguimos
viviendo un conflicto armado y una guerra sucia en la que muchos
intereses entran en juego. Si algunos de nuestros padres fueron
desaparecidos en la era Uribe, Sandra Viviana Cuellar lo fue durante
el gobierno del presidente Santos, en el cual las desapariciones
generalizadas están ocurriendo. Por estas razones llamamos a un
rechazo público de la desaparición forzada y a hacer visible que es un
crimen que trasciende los gobiernos y las naciones – aunque muta –, y
que es una política de Estado y del sistema capitalista.

Desde nuestras letras y acciones hemos señalado con urgencia que no
estamos en un momento de “post-conflicto.” Nombrar la realidad
colombiana como una de post-conflicto, es una de las maneras por las
cuales los gobiernos de Uribe y Santos han buscado disfrazar una
realidad en la que siguen ocurriendo serias violaciones a los derechos
humanos, entre ellas la desaparición forzada, ejecutada por miembros
de instituciones del Estado, por paramilitares – quienes aun existen
-, y por los actores que tienen intereses económicos en las distintas
regiones de nuestro país. La noción de post-conflicto oculta el
carácter sistemático de despojo y enajenación que sigue suponiendo el
modelo económico que nos rige. Modelo que usa la naturaleza para
beneficios privados, degradando nuestro planeta, causando serios
impactos, como Sandra Viviana lo denunciaba.

Acompañamos solidariamente, con afecto y en la lucha, a los familiares
de Sandra Viviana, a sus compañeros de movimiento, a sus amigos y
amigas. Sabemos que la lucha por la desaparición forzada en nuestro
país se torna en un terreno árido en donde la ignominia de los
victimarios y del Estado toma tal refinación que se nos hace sentir
culpables a quienes clamamos por su regreso con vida. También sabemos
que a veces un ser humano, una historia de vida, termina reducida a
ser un caso, una cifra mas que da cuenta de un Estado que no vela por
la seguridad de sus ciudadanos, y que finalmente termina siendo
empleada como un “hecho” mas por ciertos especialistas, investigadores
y periodistas. Queremos acompañarles en un camino que escape de los
lugares comunes en los que nos han querido poner a los familiares y
amigos, para reconocer que la desaparición forzada existe y que cambia
la vida de manera radical no solo de la persona que desaparecen, sino
también de sus familiares, amigos y de los procesos políticos a los
que están articulados. Desde allí hablamos, desde la experiencia
vivida.

Queremos pensar con Sandra Viviana que los humedales, las cuencas de
los ríos, que la tierra puede liberarse de los intereses que secan,
atrapan, desvían y matan. Decimos con Sandra Viviana que las
comunidades deben levantarse, pensar, actuar, afirmar y construir con
la tierra y el territorio la sociedad que quieren, a la medida de sus
sueños, al ritmo de su cultura y de sus deseos. Queremos hacer con
Sandra Viviana luchas en las que se junte la etnia, la clase, el
pueblo, el sector, donde la memoria guíe los pasos, la memoria larga
de la Madre Tierra, la memoria de las luchas de los pueblos del Río
Cauca, con la suya propia y con la nuestra. Desde aquí también
hablamos, desde la lucha compartida.

Decimos con Sandra Viviana y tantos otros y otras desaparecidos en
Colombia y otros países, que estamos:

I. En busca del doliente en un país y un mundo indolente.
La tarea constante de despertar al dormido y organizarnos con el
despierto va de la mano de reencontrar un país en la dignidad, de
encontrar a los desaparecidos y sus luchas, de continuar con el
sentido de sus vidas.

II. En busca de una justicia con mas ética que sobrepase lo jurídico.
Nuestra meta no nos lleva hasta el laberinto de las formas judiciales,
las trampas de la investigación, los formalismos sin sentidos, las
palabras sin acción. Nuestras luchas no van hasta la descripción del
delito. Nosotros y nosotras buscamos el cerebro que lo piensa, el
interés que lo financia, el brazo que lo ejecuta, y el modelo que lo
sostiene. Nuestra justicia se reviste de la posibilidad de construir
el país y el mundo que ha sido negado cuando apelan a desaparecer y a
matar las luchas.

III. En busca de despojar de sentido al sin sentido.
No somos quienes puedan si quiera conformarse con la normalización de
la desaparición forzada ni en Colombia ni en ningún otro contexto. No
nos vamos a acostumbrar al sin sentido que supone privar de la
libertad a las y los luchadores. No compartimos el sin sentido que ha
convertido los cauces de los ríos de nuestra tierra en cárceles de
mierda, y aquel que nos indica que la muerte vale más que la vida. El
sentido del sinsentido no hace parte de nuestro ser, de nuestra
historia, de nuestras perspectivas. Luchamos con todos los sentidos,
con la sensibilidad, con los sentimientos, por construir otros
sentidos culturales, otras formas de vivir y apreciar la vida.

IV. En busca de CAUSAS, no de casos.
Tejemos para que un país sea libre y justo. No son los CASOS y su
manipulación lo que nos diferencia o nos vuelven particulares en
comparación con quienes mal gobiernan y asesinan. Son las CAUSAS las
que nos juntan. Es en la situación particular de Sandra Viviana donde
nos identificamos con sus familiares y amigos, y es en las causas
donde nos encontramos con Sandra, con todos y todas para devolverle a
la vida su cauce como al Río por el cual ella luchó por tantos año y
por el que sigue luchando.

Por ti y tus luchas, aquí estamos contigo y los tuyos Sandra Viviana,
construyendo caminos.

Hijos e Hijas por la memoria y contra la impunidad
Enero 29 de 2012

jueves, 20 de octubre de 2011

De fechas y memorias involuntarias

Necesito dejar ir las palabras al ritmo que corren mis sentimientos. Estoy feliz, feliz de estar viva, de continuar pisando esta tierra que me permite vivir. Al mismo tiempo tengo nostalgia, al mismo tiempo recuerdo, al mismo tiempo te añoro, al mismo tiempo vienen a mi memorias de ti. Hace cuatro años abrí este espacio para compartir mis senti-pensares, también para batallar contra el olvido, pero de igual manera para construir mi propia reflexión sobre memoria y justicia. Desde tu forzada partida mi vida ha cambiado. Paradójico, ha cambiado para bien y para mal. En mis huesos tengo tu ausencia, si, quizás no como los primeros meses o años, pero sigue posada en mí. Siempre estará. Tu ausencia tiene distintos toques, distintas dimensiones, distintos momentos. Hoy te extraño para darte buenas noticias, pero graciosamente una noche antes de recibirlas te había sentido, te había evocado, quizás ambas, ¡quién lo sabe, qué importa clarificarlo! Ahora te escribo subida en un tren viajando lo que tú no pudiste viajar y disfrutando de paisajes, del otoño que empieza a posarse en las hojas de los árboles. Te escribo desde un lugar de transito que por momentos deteste apenas te fuiste. Si, comencé a viajar mucho más desde tu partida, y los aeropuertos fueron por instantes lugares fastidiosos. Muchas veces significaron esa odiosa sensación de exilio, pero ahora comprendo que todo este tiempo lo que he estado haciendo es caminando en distintas direcciones, a distintos ritmos para encontrarme de nuevo, o a lo mejor, para encontrarme por primera vez. ¡Quién lo sabe, qué importa! Esta semana leí a Benjamin y me pareció ¡tan denso! Me genero ansiedad. ¿Qué es memoria, cómo se expresa, cuál es su relación con el pasado, con el presente, con el futuro? ¿Cuál es su relación con el escribir historia, con la historia misma? Benjamin fue un hombre complejo, “hiperactivo” intelectualmente, nostálgico, apresurado. Cometió suicidio y a lo mejor no era necesario. Fue su “decisión” para huir de las atrocidades del fascismo. La memoria y los muertos. La memoria y la historia. La memoria y la violencia. La memoria y quienes escribimos, actuamos, luchamos desde ella. Benjamin planteaba que un buen historiador es el que sabe que ni siquiera la muerte esta a salvo del enemigo. Y si, al momento de buscar justicia por quienes han muerto a manos del “poder,” el poder sigue tratándolos como los enemigos a los que el derecho a la justicia les sigue siendo negado. Negado como Creonte negó el derecho al entierro de Polinices, y por lo cual Antígona decidió alzar su voz. Ha pasado tanto tiempo desde que nació Antígona, sin embargo parece que fue ayer pues en este mundo necio miles de Antígonas han florecido tantas veces para re pensar la justicia, la memoria, los otros poderes, los tiempos – pasado, presente, futuro -. Miro al pasado y veo mi responsabilidad contigo, con tu generación. Miro acá y observo mi responsabilidad conmigo misma y mis contemporáneos. Y pongo mi mirada hacia allá y escucho mi responsabilidad con quienes vienen, con quienes en algún momento tú y yo continuaremos construyendo otros mundos posibles. Mientras lo hacemos entre tu generación, las que te precedieron y la mía, ¡feliz cumpleaños desde esa distancia que nos acerca, y que el “poder” como a los sueños, aun no puede controlar!

martes, 16 de agosto de 2011

Viajando por América Latina/Abya Yala

Ojala aprendiéramos del pasado, de experiencias cercanas y de los errores de otros países para no andar repitiendo lo irrepetible: el horror!

Prensa:

http://www.jornada.unam.mx/2011/08/15/politica/010n2pol

Video:

http://www.youtube.com/watch?v=oNUw_Qhkx_M

sábado, 23 de julio de 2011

No más desapariciones. Ni nuestros padres, ni nadie más!

Hoy estamos aquí como hijas de una historia de dolor y vulneraciones que no decidimos vivir. Nuestros padres, Jaime Gómez y Guillermo Rivera fueron desaparecidos en Bogotá, la capital del país. Su historia no ocurrió hace cuarenta años, tuvo lugar en el siglo XXI. Nosotras sabemos que la desaparición no es parte del pasado, es parte del presente de las calles por las que todos y todas caminamos, y sigue siendo parte del futuro mientras se mantenga invisible a los ojos de las y los colombianos.
Hoy estamos aquí con ustedes, como ustedes han estado en muchos momentos con nosotras. Hoy queremos que nuestros padres estén presentes en nuestra memoria y en nuestros corazones, para hacer visibles sus luchas, sus opciones de vida, sus contribuciones y a ellos como los seres humanos que fueron. Hoy combatimos contra los efectos de la desaparición forzada, que es desaparecer a nuestros seres queridos y sus aportes a otro país.
Hoy estamos aquí después de haber optado por este camino, por un camino de dignidad y de lucha, por un camino que nos lleva a exigir verdad y justicia, y a encontrar en la memoria y el rechazo social a la impunidad un trayecto entre otros para construir un país distinto en este presente y en el futuro por venir. Estamos en este lugar por nuestros padres, pero también por nosotras mismas y nuestras familias, quienes hemos visto vulnerados nuestros derechos, y estamos aquí por una sociedad que debe ser pensada desde principios éticos como el respecto a la vida y a las diferencias.
Hoy queremos reconocer en nuestros padres una historia mucho más general de la izquierda y de los movimientos sociales. No los vemos a ellos ni a sus luchas con ojos acríticos. No hemos hecho de ellos héroes y tampoco queremos vivir de ausencias físicas o de diálogos pendientes. Reconocemos quienes fueron en sus cualidades y defectos, en sus debilidades y fortalezas, en la manera como fueron construidos como hombres de la izquierda. Reconocemos en ellos seres humanos que se la jugaron por un mundo distinto, hombres abnegados a una lucha en la que concebían como hijos e hijas a toda una sociedad y no solo a nosotras, a nuestra hermano y hermana - Sebastián y Gabriela -.
Hoy miramos con ojos críticos la historia de la izquierda y de nuestros padres. Por eso reconocemos en Guillermo y Jaime esos seres capaces del diálogo, del no sectarismo y dogmatismo, del reconocimiento de la diferencia y de miradas más globales y menos parroquiales. Saludamos su radicalidad con un proyecto de izquierda que no terminara atrapado en el modelo de sociedad impuesto y que tuviera la capacidad de articularse con otras posiciones políticas distintas para el logro de objetivos comunes y emancipatorios.
Hoy queremos agradecer a nuestros padres por habernos dado la vida, a nuestras abuelas Ana Elvia y Natividad por traerlos al mundo y acompañarnos en esta historia de dignidad, a todas nuestras familias, a nuestro hermano Sebastián y a nuestra hermana Gabriela, a todas y todos los que siempre han estado con nosotras y tienen conciencia de lo deplorable de la desaparición forzada, al resto de hijos e hijas por la memoria y contra la impunidad con quienes tenemos un horizonte de lucha, y a Jorge Villa y Raúl Osorio por hacer posible imágenes y pensamientos para la memoria, la lucha y la dignidad.

Diana y Shaira

No más desapariciones!

Buenas noches a todas y todos

Hoy estamos aquí para recordar a Jaime Gómez y Guillermo Rivera, sindicalistas y activistas de oposición desaparecidos en el 2006 y el 2008 respectivamente. A través de sus historias hablamos de un país que ha vivido el exterminio sistemático de la oposición como estrategia de Estado, y de un periodo histórico concreto, la era Uribe. No es casualidad que ambos padres hayan sido desaparecidos, torturados y asesinados durante el periodo presidencial más largo en la Colombia contemporánea. Signado por la supuesta desmovilización de los paramilitares, escándalos de seguimiento a la oposición democrática por instituciones de seguridad como el DAS, y la parapolítica, entre muchos otros escándalos que dan cuenta de un proyecto político, económico, social y cultural excluyente consolidado durante dicho periodo y que continua en el presente.
En Colombia son miles los crímenes en los cuales, como en el caso de Jaime y Guillermo, la impunidad acompaña cada momento de la historia para esconder a los perpetradores, negar a las víctimas y desconocer las violaciones de derechos humanos de las cuales periodistas, activistas políticos, opositores y defensores de la vida han sido objeto. En nuestro país no existe la justicia, y cuando aparece se convierte en una mofa que castiga levemente los crímenes cometidos, en lo que termina siendo una burla para neutralizar el dolor, la indignación y la rabia. Ya sabemos que recibe un mayor castigo quien roba que un paramilitar que descuartiza o un militar que desaparece.
La impunidad se consolida con el paso del tiempo, ayudando a que el Estado – quien debe ser responsable de garantizar la vida y los derechos fundamentales de quienes habitan su territorio - se limpie las manos. Para que el Estado triunfe impune, tienen que pasar años de silencio, de negación, de amnesia y displicencia frente al horror y frente a nosotros, los hijos y las hijas. La impunidad no implica exclusivamente desconocer los crímenes de lesa humanidad, sino también justificarlos, secundarlos y aceptarlos como parte del devenir normal de una sociedad. Este es un país que sangra mientras muchos y muchas le dan la espalda, y que angustiado grita que la forma de cerrar la herida es con la concreción de “justicia”. Pero, ¿cual justicia? Para nosotras y nosotros no la que hoy nos gobierna.
En ese juego de impunidad, la ética se pierde mientras Colombia se va sumando en la violencia como estrategia para la resolución de conflictos, la violencia como el camino para acallar a las alternativas y a quienes tomaron la decisión de hacer visible lo qué ocurre en el país. Es por eso que para hablar de impunidad hay que hablar de una impunidad estructural ligada al terrorismo de Estado, tendiente a reproducir el estatus quo. La desaparición forzada como forma de terrorismo de Estado no es solamente una vulneración de derechos humanos, hace parte de un transfondo mucho mas profundo.
Si la lucha por el poder político entre sectores dominantes y excluidos no está resuelta, el terrorismo de estado se vuelve recurrente como forma de contención de las posibilidades de cambio. Las estrategias de terrorismo de Estado tienen lugar en un país que vive el conflicto armado, el cual sirve muchas veces de pretexto para justificar crímenes horrendos como el de la desaparición forzada.
Para nosotras y nosotros la impunidad va más allá de la ausencia de castigo. Por un lado constituye una violación de la obligación general que tienen los estados de investigar, juzgar y condenar a los culpables de graves y sistemáticas violaciones de los derechos humanos fundamentales. Por otro lado, como lo dice Portillo, la impunidad es también “toda situación objetiva de tolerar y dejar intactas las estructuras y actitudes que han hecho posibles tales crímenes y eludir una responsabilidad elemental frente al futuro, la de salvaguardar los valores básicos de la convivencia civilizada.”
La impunidad en Colombia se caracteriza por la creación de mecanismos que vulneran los derechos de las víctimas dentro de las mismas instancias que se supone deben velar por buscar la verdad dentro de las investigaciones de los crímenes. En cualquiera de las dos historias de nuestros padres es posible demostrar cómo estas instancias han tendido a eludir o desviar la acción investigativa. Es por eso que como hijos e hijas encontramos que la lucha contra la impunidad no solo se limita a buscar mayores resultados de investigación o castigo a los responsables, sino a evidenciar que la impunidad en el país es una estrategia de terror para perpetuar el dolor que causa la violación de los derechos humanos en nuestra sociedad, para permitir la repetición de prácticas como la tortura, el asesinato y la desaparición, e inmovilizar las acciones transformadoras de las injusticias.
Las similitudes que unen los crímenes de lesa humanidad de Jaime y Guillermo - entre otros más que ocurren en Colombia - no tienen que ver sólo con sus trayectorias de vida y lucha, sino también con la impunidad que cubre los hechos de sus desapariciones y asesinatos. En ambos casos es muy clara la acción deliberada del Estado. Sus estrategias se dirigen a negar el derecho a conocer la verdad de los hechos y aplicar la justicia correspondiente.
Como hijos e hijas vemos con preocupación como muta la desaparición forzada en Colombia, de forma que si antes los restos mortales no aparecían, ahora muchos familiares cuentan con ellos pero llevando a cuestas el desconocimiento de las vulneraciones a las que fueron objeto sus seres queridos. En las historias de Guillermo y Jaime, si bien sus despojos mortales fueron encontrados, la impunidad ayuda a configurar un cuadro en el que se niega la desaparición forzada y el status social y simbólico de víctimas de crímenes de Estado. Así es común que se quiera reducir un crimen político a un crimen pasional, y que emerjan otras vulneraciones como la del derecho a la privacidad y el buen nombre, además de las intimidaciones constantes a las que somos objeto los familiares.
Por otra parte, con el conocimiento sobre lo que está pasando en el resto del país en el presente, vemos con alarma como se están generalizando las desapariciones forzadas a todos los líderes sociales y a la ciudadanía en general. Es común, como lo fue en otros contextos de dictadura, que los cuerpos sean arrojados al mar, ríos o selva, que se impida el derecho a enterrar aun en existencia de los cuerpos, y que la desaparición se convierta en una estrategia de distintos actores como los paramilitares aun activos para infundir miedo y desactivar procesos sociales. Por esa razón rechazamos la idea de postconflicto, y hacemos un llamada a ver la realidad actual y el pasado reciente, para constatar que seguimos viviendo un conflicto armado y una guerra sucia. Si nuestros padres fueron desaparecidos en la era Uribe, Sandra Viviana Cuellar - dirigente ambientalista del Valle del Cauca - fue desaparecida durante el gobierno del presidente Santos, en el cual las desapariciones generalizadas están ocurriendo. Por estas razones llamamos a un rechazo público de la desaparición forzada y a hacer visible que es un crimen que trasciende los gobiernos - aunque muta - y que es una política de Estado.
La mayor victoria de la desaparición forzada y sus perpetuadores es la individualización de los casos y la perdida de la mirada colectiva como comunidad y sociedad. La lucha por la desaparición forzada no debe ser exclusividad de los familiares, erradicarla implica combatir la indiferencia social y la responsabilidad política de sectores de la sociedad e instituciones, implica un trabajo colectivo en el que ustedes juegan un papel importante. Implica también la organización y la acción social colectiva.
Shaira y Diana

domingo, 17 de julio de 2011

Para desaparecer la injusticia, aparece la memoria: ¿Qué sabes de las y los 58.000 desaparecidos en Colombia?

Presentación campaña y proyección de documental sobre desaparición forzada

Historias de vida de Guillermo Rivera y Jaime Gómez

Producción de Jorge Villa

Día y hora: Lunes 18 de julio de 2011 – 5:30 p.m.


Lugar: Cinep. Carrera 5 No. 33 B – 02. Bogotá, Colombia

Para desaparecer la injusticia, aparece la memoria: ¿Qué sabes de las y los 58.000 desaparecidos en Colombia?, hace parte de la campaña nacional de Hijos e Hijas por la memoria y contra la impunidad: Ríos de memoria, afluentes de justicia, la cual busca generar procesos de memoria larga y colectiva para la acción transformadora, rechazo social a la impunidad reinante en el país, construcción de apuestas para la concreción de la justicia y proposiciones para la construcción de paz. La campaña en Bogotá surge de la necesidad de visibilizar la existencia de las desapariciones políticas en la capital, la manera como la impunidad les cruza, la permanencia de la tortura como una estrategia de terror que le acompaña y las afectaciones de género que caracterizan estas vulneraciones de derechos humanos.

Para Hijos e Hijas es parte del llamado generacional hacer memoria y exigir justicia frente a un crimen que sigue ocurriendo en Colombia: la desaparición forzada por razones políticas, el silenciamiento de la oposición con estrategias de terror.

martes, 31 de mayo de 2011

Espejos todavía

http://www.cifmsl.org/images/stories/audio/espejos/espejos44.mp3

sábado, 23 de abril de 2011

Viajes profundos

Hace cinco años tu cuerpo nos fue retornado de la violencia que mata para querer con la violencia que calla hacernos creer que simplemente tuviste un accidente. Hace cinco años te vi retornando a mi en huesos y en espíritu. Desde entonces sigues posado en mi corazón, activando mi ser, invitándome a vivir, y ahora quizás sin tu quererlo a viajar dentro de mi en búsqueda de ancestros más antiguos que mis inmediatos progenitores.

NO AL OLVIDO, PORQUE NO QUIERO!!!