miércoles, 23 de marzo de 2016

Diez años en el corazón

Son diez años y a veces parecen días, si acaso meses. Hay momentos en qué sigo preguntándome por qué, y en que me digo a mi misma que no es posible. Son instantes donde uno cree que la maldad, el odio, la violencia y el silenciamiento de la diferencia no existen. Son momentos en los que una pregunta ética y moral inundan el pensamiento y el corazón, y en los que uno necesariamente se interroga por el tipo de país y de mundo que haría posible que esto no volviera a ocurrir. Papi, parece que después de muchos años e intentos la paz es posible. Frente a la negociación entre el gobierno y las FARC-EP ha habido avances significativos, incluidos acuerdos que tienen que ver con los derechos de los sujetos victimizados. No es un acuerdo perfecto, pero es la posibilidad de torcer un camino que se ha vuelto destino en Colombia. Es la posibilidad histórica de decir que caminando con la violencia no vamos a encontrar al final del trayecto la radicalización de la democracia ni ninguna forma política, social y económica alternativa al capitalismo y al liberalismo. Algunos y algunas se oponen al proceso de paz, no porque les interese construir un país en el que la política no esté cruzada por la eliminación física del contradictor, sino porque han hecho de la guerra su modus operandi, su forma de ver, sentir y hacer en este mundo. Porque la guerra les ha significado dividendos políticos y económicos, y porque han puesto por encima el odio y la venganza en un país que le ha enseñado a la gente que más vale odiar y desconfiar, que construir desde la solidaridad, el amor eficaz y el cuidado horizontal. Con muchos y muchas he caminado estos más de tres años del proceso de paz, convencidos de que es urgente que cesen los fusiles y se eleve el conflicto social (Hijos e Hijas, 2012), porque será en un escenario en el que no nos maten por pensar diferente, en el que tendremos la posibilidad de convertirnos realmente en opción política. En estos años hemos visto como al tiempo que se habla de paz, la violencia paramilitar, estatal, de la extrema derecha se mantiene. Como defensores de derechos humanos, activistas, indígenas, afrodescendientes, campesinos, víctimas y mujeres han sido asesinados, hostigados, amenazados por exigir sus derechos. Sabemos que la paz es el principal obstáculo para la máquina de guerra y exclusión, y entonces convencidos de que una paz no hegemónica es el camino, nos estamos preparando para disputar el sentido de la transición que se avecina. No creemos en una transición plana y lineal de la guerra a la paz, del amor al odio, del odio a la reconciliación, del atraso al desarrollo, sino que más bien entendemos que en este momento se exacerban las contradicciones sobre el tipo de país que distintos actores queremos construir. No creemos en la transición hegemónica que quiere dejar todo intacto, sin modificar las causas estructurales que generaron la guerra, una transición que se sigue apoyando en un desarrollo que profundiza las desigualdades internas del país y las que tenemos con el norte global. Como no queremos esa transición, lo que hacemos día a día es tratar de plasmar en la práctica el país que soñamos, una Colombia que dignifique a su pueblo, y en la que la verdad, la justicia y la práctica de la diferencia sean posibles. Ese país no podemos construirlo solos. Requiere de la gente que de tanta violencia se ha tornado indiferente. Requiere de todos aquellos que deciden como parte de una convicción política dejar las armas y buscar la construcción de alternativas desde la civilidad. Requiere de un proceso de paz con el ELN y el EPL que permita pluralizar el campo político y aunar fuerzas para diputarle a la transición hegemónica su noción de paz y su propuesta de país. Requiere un amplio movimiento social y político capaz de articular visiones y acciones, dejando atrás las divisiones, los sectarismos y los protagonismos, explotando al máximo su capacidad inventiva y de imaginación política. Requiere la desmovilización real del paramilitarismo y la del Estado. Requiere que las garantías para la pluralización de la democracia se hagan reales, así como garantías para que dejen de asesinar a quienes piensan distinto y se oponen a la máquina neo-extractivista, una nueva forma de sembrar la muerte en el territorio. Y requiere, por supuesto, que los derechos de los sujetos victimizados sean realmente materializados, más allá del discurso, porque si alguien debe ser dignificado en este escenario son las víctimas, todas ellas, incluidas sus propuestas sobre verdad y justicia, que no son sólo sus derechos sino sobre todo pilares fundamentales para construir otra sociedad. De allí que sea necesario que los acuerdos sobre los derechos de las víctimas garanticen un trato equitativo a las víctimas de la guerrilla y del Estado, y que finalmente el Estado reconozca que ha empleado la violencia como una manera de asegurar en el poder a ciertas élites, y que éstas tienen una importante responsabilidad en lo que ha ocurrido en el país. Como te pedí el 21 de marzo, 10 años después del día en que te llevaron, que sepamos la verdad y que se haga la justicia que tu, tu familia y quienes caminaron siempre contigo merecemos. El lunes, como muchas otras veces, en familia te recordamos, te pasamos por el corazón, y evocamos todo lo que nos diste, y nos sigues dando. Gracias por seguir siendo un puente entre la vida y la paz, y entre el pensamiento crítico y la acción. Te extrañamos y amamos, hoy y siempre. Antígona Gómez

sábado, 21 de marzo de 2015

La memoria rebelde no se deja domesticar por una transición hegemónica. La memoria rebelde aprende que en la fuerza del recordar y el hacer esta la posibilidad de romper con el "sentido común" de muerte, impunidad e injusticia impuesto. Luego de 9 años de tu ausencia física he aprendido de distintas maneras a hacerle frente a esta historia de violencia. Hoy, luego de dedicarle meses a la escritura de la tesis, reflexiono cuál sería el escenario que le puede hacer justicia a todo el sufrimiento e indignación de tantos colombianos y colombianas que han sufrido la violencia. Nuestra justicia no puede quedar al vaivén de Creonte, del Estado y de los grupos de poder. Nuestra justicia se construye cotidianamente, con otros y otras en la lucha y la acción. La mejor manera de dignificar a quienes se han llevado por la fuerza es que las injusticias cesen y otra sociedad se construya. El llamado es para todo el país. Solo un país comprometido, en el que cada mujer y hombre contribuya al cambio de una sociedad de muerte, inequitativa, injusta, clasista, racista, misógina y homofóbica, tendrá la posibilidad de dignificar a los sujetos victimizados. Sanar y hacer el duelo son procesos individuales, pero también profundamente colectivos. Más allá del discurso abstracto de paz que nos quieren imponer, la paz, la sanación y el duelo se construyen con-desde los de abajo. Desde el poder colectivo, el poder del cuidado, el poder que emerge de la dignidad y la indignación. El poder que se gesta en las relaciones cotidianas, el que esta cruzado por el amor liberatorio, el que dignifica,no el que oprime. El poder afecto, el afecto amor, el afecto poder que permite romper con la realidad actual para fugarnos a lo virtual que está presente allí siempre como posibilidad. La posibilidad de los de abajo, de los sujetos de la digna rabia. Siempre aquí: en este senti-pensamiento cuerpo. Siempre aquí: en tu semilla. Siempre aquí: en el mundo de las transformaciones. Con inmenso amor te recuerdo/te recordamos. Antígona - Huitaca

jueves, 3 de julio de 2014

El círculo de la impunidad ....

Luego de ocho años se reconoce que mi padre fue asesinado ... un poco de verdad, esperando conocer en plenitud lo que ocurrió. La paz se construye conociendo la verdad. Comunicado de la CCJ: http://www.coljuristas.org/documentos/documento.php?id_doc=397&idioma=es&grupo=4 Entrevista en Contagio Radio: http://ctgaudio.megadatesystem.com/upload/0/fshAOccq.mp3 Queremos construir paz ... una paz estable, digna y duradera.

sábado, 22 de marzo de 2014

Construyendo otros mundos

Tierra Esperanza, 21 de marzo de 2014 Esta carta es para ti y mi padre. Esta carta es extensa, el momento histórico lo amerita. Hoy hace ocho años saliste a caminar en la mañana esa hermosa ciudad en la que naciste y creciste, y ya no volviste nunca más. Te llevaron. Se llevaron tu cuerpo, pero no a ti. Estos ocho años hemos peleado contra la impunidad una y otra vez. Hasta el cansancio. Hemos caminado y levantado la voz para conocer la verdad, en busca de justicia. Estos ocho años te he recordado, te he pasado por el corazón tantísimas veces y de maneras tan distintas. He desarrollado contigo una otra relación, una relación pasada por todo: por la guerra, la violencia, la rabia, el amor, la admiración, los recuerdos, las ausencias y las luchas. Hace ocho años te llevaron en un contexto como este: re-elección presidencial. En ese entonces vivíamos cierto ascenso de la izquierda, ahora vemos como la derecha, y la ultra derecha, se siguen consolidando, y como en algunos escenarios la izquierda pierde espacio. En estos años yo me he repensado una y otra vez desde mi particularidad generacional y mi ser feminista. He caminado, desde antes que te llevaran, esas sendas que los partidos de izquierda y los movimientos sociales abrieron ya hace décadas. Las he caminado, tu sabes, con mi propia prudencia, mi propia mirada y mi propio cuerpo. Como hace ocho años, ahora trato de no sucumbir a este contexto tan difícil, tan adverso a nuestros sueños. Entonces respiro, pauso, duermo, medito y me busco muy adentro. Papi: las cosas no están fáciles, siguen siendo difíciles para esos que nos ubicamos abajo, en el lugar de la digna rabia y los sueños rebeldes. Estamos en un proceso de paz pensando desde la justicia transicional. Un proceso de paz concebido desde el punto de vista de la oligarquía colombiana, un proceso de paz que busca llamar a nuestro momento histórico post-conflicto sin que se operen mayores cambios, para lo cual la aplicación de la esa justicia es fundamental. Yo creo que esta es una coyuntura crucial para Colombia, para el futuro, porque muchas cosas que se definirán en este momento en cierta medida serán la bitácora, los cimientos que nos guiaran por los próximos años. Por eso a la construcción de paz nosotros le exigimos coherencia, le exigimos profundidad, le exigimos escuchar nuestras voces. Me pongo a mirar hacia atrás, nuestra historia, y veo como nuestra particular trayectoria nos muestra que ni el modelo moderno liberal burgués ni el camino de las guerrillas han podido responder a nuestros anhelos. En los últimos años son cada vez más visibles los limites del modelo de democracia moderna liberal, desde la que incluso la izquierda ha desarrollado su accionar político, para hacer real nuestros proyectos de emancipación. Las últimas elecciones lo han mostrado. Es evidente que todo ese ensamblaje, el estado de derecho, las leyes, las reglas del juego democrático, no son neutrales, están situadas políticamente, más cerca de ciertos actores. Ese sistema de gobierno responde a los intereses de quienes lo crearon. Así nos lo muestra no solo la historia del alcalde Petro, sino también todo el arsenal jurídico con el que el Estado y las élites responden a las demandas de las y los que nos organizamos, tal como ha ocurrido con la Ley de Victimas y Restitución de Tierras, una respuesta para neutralizar a las víctimas y capturar su potencial político y subvertor. Papi, creo que necesitamos un nuevo imaginario político, necesitamos re-pensar, re-mirar nuestro horizonte político en sus más profundas raíces. Necesitamos re-inventarnos, de-sujetarnos, liberarnos del poder de dominación. Hacer eso, papi, requiere mirarnos hacia adentro, “casa adentro”, cuerpo adentro, con mucho, mucho detenimiento, con ojos críticos, constructivos e imaginativos. Eso implica que miremos como el poder de dominación constituye nuestras subjetividades y nos hace replicar entre nosotros ese poder que no permite la emancipación. Divide y reinaras. Esa es la lógica de las clases gobernantes, pero también del poder opresor en si mismo. Divide a la izquierda, haz que se atomice hasta que desaparezca. ¡Divídela por las más pequeñas nimiedades, por las elecciones, por la conquista del poder! Divide a las mujeres para que peleen entre ellas y no vean, no sean capaces de ver, como el patriarcado funciona. Divide a los indígenas y a los negros, hazlos amar y querer ser como el blanco. Haz que todo aquel que termine configurado en ‘capataz’, inclusive de su propia historia personal, crea, sueñe, que es el ‘dominador’, que tiene poder, y haz que oprima a sus hermanos y hermanas de lucha. Si, ya sé. No todos tienen conciencia de una “hermandad”. Esa conciencia se construye. Por eso además de: 1. Pensar y recrear otro poder, un poder para la emancipación que juiciosamente se pregunta y se responde el poder para qué. 2. Y que mira con atención la construcción subjetiva. 3. Genera procesos de politización, procesos de formación, de educación política, no para adoctrinar, sino para desde la construcción colectiva contribuir a la creación de sujetos capaces de análisis, de pensamiento propio, de criticidad y de acción. Politización no para ser vanguardia, sino más bien para ser “retaguardia” y co-emerger con otras y otros como intelectuales orgánicos de un país que necesita educarse para escapar a esta degradante dominación. 4. Necesitamos también construir un nosotros. Ese nosotros de los de abajo, de la digna rabia y los sueños rebeldes no está construido. Está por construirse, y depende de un nuevo imaginario político, de unas nuevas prácticas, de unos nuevos sujetos, no acabados, pero dispuestos a construirse de manera no hegemónica. Ese nosotros pasa por una unidad de la izquierda coherente con un proyecto de sociedad distinta, con una unidad no pegada a babas, sino más bien con una unidad que no es unanimidad de posiciones o de trayectorias históricas, sino multiplicidad, diferencia, confluencia en un mismo proyecto político que no se divide por las diferencias, sino que se nutre a través de ellas. Como parte de una generación que ha sido gestada desde la lucha, que la ha visto, y la ha caminado, como una generación que conoce los estragos de la violencia política, de un Estado asesino y por lo tanto ilegítimo, creo que tenemos la labor, como lo plantea Franz Fanon, de re-pensar los términos de “la lucha y la liberación, de manera tal que generaciones futuras puedan asumir las tareas que vienen de maneras distintas pero más avanzadas.” Partiendo desde mi propia experiencia, pienso y actúo queriendo desestructurar las consecuencias que ese poder que domina ha dejado en mi vida, mi cuerpo y mi subjetividad. Al sufrimiento que me ha causado, a las lágrimas que me ha arrancado, al desgarramiento interno que me ha provocado, yo le contrapongo la alegría. Le contrapongo el baile, ¡en especial esa salsa rebelde de los 70s que tu tanto bailaste! Le contrapongo, a los recuerdos de la barbarie con que aquí matan, los recuerdos de tu sonrisa, de tus palabras, de nuestros diálogos. A esa camisa de fuerza identitaria a la que nos quiere condenar la guerra, a esa identidad que encarcela cuando solo es producto de la violencia opresora, esa de ser víctima, yo le contrapongo múltiples yo, le contrapongo un ser que es diverso, que tiene varias identidades, que quiere irrumpir su propio ser. A la muerte, papi, yo le contrapongo la vida. Me niego a la cultura del sacrificio y el sufrimiento, tan interiorizada en nosotros y nosotras. Entonces me re-pienso mi proyecto político, de vida, desde el amor, la felicidad y la disciplina. Papi, la coherencia que me enseñaste me ha sido útil. Me construyo día a día como un ser, una hija, una colombiana qué sabe que eso es difícil y que pese a los errores lo intenta una y otra vez. Si, aprendí que debemos tratar de ser lo más coherentes posible para construir otro mundo, sabiendo que no es fácil, pero viviendo con la intencionalidad de hacerlo. Esto implica no ser capataz, no soñar con el registro mental del opresor, no reproducir lo autoritario y excluyente en la política y la familia, no ser sectario ni tirano, no jugarle a la lógica del poder de dominación, que incluso nos hace pelear entre los cercanos, disputando quereres, disputando reconocimientos y protagonismos. ¡Cuanto extraño las conversaciones contigo! Lo fascinante, en medio de todo, es que sigo conversando contigo de otras maneras, desde otros y otras de tu generación, desde los sueños, desde tus recuerdos, desde todas las presencias que dejaste en mi vida y otras vidas. Hoy es un momento, cuando la primavera emerge, de re-pensar a largo plazo como queremos organizarnos y organizar la vida en sociedad, como hacemos otra política, como somos felices en el transcurrir de este proyecto. Hoy sigo exigiendo verdad y justicia, verdad y justicia como una forma de construir pilares éticos para esa otra sociedad, verdad y justicia como un derecho profundo e inalienable para dignificarte a ti y a todos lo que han muerto a manos de los Creontes. Y también como una manera, como una contribución para sanar. Pero también exijo hoy verdad y justicia, no solo por tu historia, sino por cientos de historias similares a la tuya, como un momento específico de una lucha que es de más largo aliento, que es mucho más profunda, subterránea, disruptiva, radicalmente transformadora que nos permitirá ser lo que queremos SER en colectivo. Ese ser en comunidad que pasa por la solidaridad con toda aquella y todo aquel que ha experimentado distintas violencias que le limitan su devenir en comunidad. Papi, hoy sigo en pie de lucha, hoy camino para que construyamos un nuevo imaginario político, un nuevo sueño, una nueva posibilidad, una nueva sociedad, unos nuevos arreglos sociales. Tu, que lees esta carta, ¿quieres caminar conmigo? El camino es largo, y ahora más que nunca estoy segura que su realización la verán las generaciones por venir. Rebeldemente vuestra, Antígona Góméz

miércoles, 26 de febrero de 2014

DiGnA RaBiA

Hoy amanecí con rabia. Una rabia milenaria, una rabia que me acompaña desde que nací, una rabia que se alborota con esas injusticias, violencias y mentiras que ocurren y nos dicen en Colombia. Rabia de que la violencia siga siendo la manera como se enfrenta a la disidencia política. Rabia por las amenazas, los asesinatos, los atentados contra los líderes de izquierda y movimientos sociales. Rabia por la fuerza que tiene la derecha para desarticular también a través de lo legal las opciones políticas de izquierda como está pasando con el Alcalde de Bogotá. Rabia por las mentiras y las desfachateces de los gobernantes y del Estado. No creo que este exento de cálculo político que Santos esté hablando de prolongar el período de los alcaldes. Con esto si Petro es destituido y la derecha se queda la Alcaldía, los procesos organizativos, de base, los movimientos sociales y las izquierdas que han visto en las alcaldías de los últimos años en Bogotá opciones alternativas, perderán un espacio importante. Con eso se cierra también la puerta a que si el/los procesos de paz rinden fruto positivo, nuevas opciones entren al ruedo electoral. Rabia de las desfachateces que se pasan como “normales” en Colombia. Como lo de las interceptaciones realizadas por los militares, todo la red corrupta que les habita, y su intención de contribuir a la paz desde la estrategia militar! Como dice el nuevo comandante del Ejército: “Anhelamos la paz, pero digna y basada en una victoria militar! Pero también me produce rabia mirar Casa Adentro. No entiendo porque tanta fe de las izquierdas con las elecciones, con el modelo liberal, con emplear las estrategias de quienes nos han dominado. No quiere decir que no las considere importantes o que las descarte, ¿pero que es lo qué hacen las elecciones entre las izquierdas? Concentrarse en el voto, dividirlas, detener procesos de confluencia. Creo que como generación(es) tenemos la tarea de repensar a largo plazo el proyecto político de transformación, el horizonte político sin perder el ahora. Pero eso implica pensar muy bien, con detenimiento como actuamos en el presente, como reinventamos la política y hacemos que el poder de dominación no se recodifique. Aunque difícil es posible entrar en los cargos de elección popular, pero me pregunto, ¿una vez allí qué? ¿Cómo no dejarse comer, tragar por la lógica burocrática y clientelista, como aportar más que a la reforma y a la inmediatez a la transformación a largo plazo? No sé, son preguntas frente a la estupefacción que me produce observar como entramos en las lógicas de quienes tanto criticamos, inclusive repitiendo acríticamente el discurso de la transición, y palabras/frases como pasar la página, reconciliación, dejar atrás el pasado, post-conflicto y toda esa lista de conceptos que están dándole sentido a la tan anhelada “transición” hegemónica. Conceptos que no son solo palabras que vuelan en el aire, son letras que se conjugan para construir también realidades. Realidades, presentes, futuros que a mi personalmente no me convencen. Sigo con esa digna rabia que piensa que hay que reinventarse haciendo, que eso pasa por la cotidianidad y por el cuerpo …

lunes, 7 de octubre de 2013

En transformación

Antígona es fuerza vital, siempre en movimiento, deviniendo. Antígona no es identidad estática, no es identidad impuesta, es identidad en lucha, es subjetividad en debate. A Antígona se le marca cierto camino porque el poder para dominar, el poder violento tuvo lugar. Sin embargo Antígona lucha por salir del código de guerra, el propio código que le da razón a la paz patriarcal y moderna/colonial. Antígona sueña paz. Antígona cree en la utopía de un mejor lugar, un mejor lugar en el aquí y el ahora. Antígona transita, pero cuestiona las transiciones falsas, las transiciones que engañan, las transiciones que atrapan en el status quo, que cooptan y desbaratan las luchas. Antígona es rebelde, incluso consigo misma. Se calla por momentos si así siente que lo necesita porque no está cómoda con las identidades impuestas, como la de víctima. Impuestas por los hechos, impuesta por los victimarios, impuesta por el Estado, impuesta por una sociedad que a veces no ve lo evidente: la barbarie cometida contra otras y otros. Antígona quiere contribuir, quiere caminar con sus pares, con sus hermanos y hermanas de lucha, con las y los estigmatizados, con las olvidadas, con los despojados de si mismos, con las y los que sueñan mundos distintos, con quienes no han claudicado ni han perdido la fuerza de su rebeldía. Antígona quiere escapar a la domesticación de las luchas y quiere contribuir a construir algo realmente diferente, emancipatorio en lo personal, lo político y lo colectivo. Para eso Antígona se vuelca a su interior, gira, observa, comparte, parte, escribe, imagina, ama, baila, piensa y hace. Antígona

martes, 23 de abril de 2013

A siete años de tu desaparición hacemos memoria, te recordamos, te pasamos por el corazón!!!!

Desde distintos lenguajes sigues presente, siempre presente!!!!! En estos días se cumplen 7 años de la desaparición forzada de mi papi. Han sido años que me han invitado a pensar el dolor de manera distinta. Hoy quiero hacerlo de otras maneras, desde otros lugares, tratando de romper con las lógicas que la dominación instaura en nosotras y nosotros con el ejercicio de la violencia. Eso no significa que no me sienta triste ... significa que camino por el sendero de la resignificación del dolor, de la rabia, de la impotencia, del miedo ... y camino con ustedes, con los pies de la justicia y la memoria, con un cuerpo colectivo repleto de dignidad! http://www.youtube.com/watch?v=qq9RGq7cIHU http://www.facebook.com/media/set/?set=a.10151323637551500.1073741828.720036499&type=3 http://www.contagioradio.com/index.php?option=com_content&view=article&id=6326:sin-olvido-jaime-enrique-gómez&catid=21:sin-olvido&Itemid=35 http://www.youtube.com/watch?v=TJrpxvGh2Fs

Antígona Gómez

NO AL OLVIDO, PORQUE NO QUIERO!!!